La soledad de una manzana
Hoy estoy aquí. La gente pasa por mi lado, pero yo no me muevo, pienso, para qué.
Estoy a punto de podrirme en el suelo, y mi vida se termina lentamente, noto como algo se mueve en mi interior, cerca de mi corazón, justo en mi centro, en ocasiones es un cosquilleo, en ocasiones es un dolor inevitable, me pudro, pero ya me da igual.
No he servido ni para el goce y disfrute de otro, no, la vida ha sido cruel conmigo y de momento me tengo que conformar con esto, lo quiera o no.
Ayer la noche era fría, y yo sentía el suelo helado, por momentos creí que ese era mi final, pero no fue así, quizá los rayos de la luna me abrazaron para compadecerse de mi situación, yo no se lo agradezco, ahora no.
El despertar ha sido triste. La calle estaba vacía, pero yo seguía ahí, notaba como en otra parte de mi pequeño y esférico cuerpo aparecía algo extraño, algo que nunca había tenido. No me gustaba, me hacía daño, notaba como algo oprimía una parte de mí, algo inexplicable, abrasaba, eran pequeñas manchas marrones que se iban apoderando de mí.
Quería luchar, no se para qué, quizá para tener algo que desconocía, sentirme querida, que me valorasen al menos, dicen que tenemos vitaminas, proteínas, dicen que a los humanos sentamos bien, y eso a mí me enorgullecía. Sería útil para una persona. No fue así.
Se que mi vida ha sido desperdiciada por aquel niño al cual no le apetecí, me da rabia que llegue mi final de esta manera tan triste, e incluso me enfurezco al pensar que he pasado duros procesos y cambios para llegar a esta calle desconocida, cerca de donde vive un tal Samuel, el pequeño ser que no se lo pensó dos veces para que rodara algunos metros ante la mirada de todas aquellas personas que pasaban en ese preciso momento.
Sentí vergüenza, indignación. Desde ese momento estoy aquí, nadie me ha recogido, solo he visto como la gente con sus pasos rápidos a ninguna parte me esquivaban.
Me queda poco tiempo, lo sé. Lloro en silencio. Sigo llorando. ¿Cuando dejaré de permanecer? El dolor es cada vez mas intenso, me estoy consumiendo, siento como alguien me come por dentro, y como mi piel se arruga sin quererlo.
Me quedo sin fuerzas y no tengo… desvanezco… mi soledad … no… adiós.





Maríah dijo
nUNCA SE ME HABRÍA OCURRIDO ESCRIBIR EL ÚLTIMO DÍA DE UNA MANZANA, SI HUBIESES ESCRITO EL DE UN BOLLYCAO...EL DESTINO SERÍA MUY DISTINTO. LOS NIÑOS NO SABEN COMER.
SALUDOS DESDE DENUNCIAENUNCLIC
21 Marzo 2007 | 02:34 PM