Hoy tengo que dar gracias a la música, una vía de evasión, de escape para los problemas cotidianos. Me sumerjo en las letras, en aquellas metáforas giradas, en los significados, en aquellos simbolismos tópicos y no tan tópicos, y en ese momento recreo imágenes, escuchando esa canción que me gusta.

Gracias a la música y a los libros tengo una mente despierta, vivo en un mundo de color, sonrisas, alegría y oigo los sonidos más increíbles en mis oídos. Me encanta este momento.

Mi cerebro capta los sonidos más escondidos, buceo en los recuerdos que evocan aquellas palabras repetitivas con sentido y sin sentido que me acercan a tí y a todos. Suena otro compás y mi corazón da un vuelco.

Magia en mi vida, y entre las 4 paredes de mi habitación cuando le doy al play y escucho mi canción favorita, no puedo dejar de escucharla, pero nadie me lo impide, es mi tiempo, mi espacio, mi vida.

Tarareo, se que canto mal, pero alguien me escucha? No. Estoy solo en mi casa, y canto, bailo, y me emociono solo. Los bellos del brazo se escapan y apuntan al cielo en el estribillo de esa canción tan mágica. Y ese es mi momento, mi placer infinito, un goce que dura horas, días y años.