Noche en el desierto
Está oscuro muy oscuro. Todo es inmenso, pero estoy bien, me gusta. Los torbellinos de arena se arremolinan por mi cuerpo, parte de la arena conserva el calor que ha habido durante el día, la otra parte está helada. Transita por todo mi cuerpo, es un cosquilleo agradable, y no quiero que termine. Sigue subiendo, y aún me gusta, noto que me palpa, siento como la arena se mete por los rincones mas recónditos de mi cuerpo, pero no me desagrada, ahora no voy a preocuparme de cómo quitármela luego, ni si cojo un resfriado por todo este viento que alborota mi pelo y hacen que mis ojos lloren sin parar de este duro viento.
Este momento es solo mío, y de la sombra que refleja esa luna tan grande que se haya en un cielo tan oscuro como estrellado. La arena sube cada vez más, creo que mi cuerpo se alza y divisa un lugar maravilloso y solitario, pero solo lo creo, no es real.
Sigo solo y en la más oscura soledad pero ahora no me importa, estoy yo conmigo y como os he dicho estoy bien.
Ahora no puedo abrir los ojos, la arena sube descontroladamente y con fuerza. Mi cuerpo empieza a sentir unas pequeñas punzadas en las piernas y en el torso, y yo aguanto, sigue gustándome.
La luna ya no está, las estrellas tampoco. La arena ya no es azul, y tampoco vuela. Ahora me encuentro tumbado en una arena que quema y que ha perdido toda la magia de aquel día, un día en el que quise huir de todo y de todos, un día en el que quise escapar y evadirme de la realidad que me rodeaba, un día bueno pero inoportuno y que pese a mi placer intentaré no volver jamás.





Alberto dijo
Todo un viaje de placer...Se está a gusto pero es malo acostumbrarse.
Saludos desde Granada
Alberto
11 Abril 2007 | 03:58 PM