Llevo horas caminando por un lugar lejano, un camino rodeado de piedras blancas y negras que se alzan atrevidas a mi paso, apuntan al infinito, pero yo sigo andando, ignorando el momento y la situación.

Remolinos de sentimientos se amontonan en mi cabeza y discuten el poder dar o no, algunos pasos más. Yo de momento ignoro esos sentimientos y sigo desafiante ese camino turbio de piedras ahora grises.

Algo me empuja a que mis pasos se adelanten y caminen mas rápidamente, y todo lo que yo piense no parece importar.Tengo que seguir hacia adelante y con indignación e intuición de un pequeño ruidito que me hace eco en lo mas profundo de mi ser sigo este camino de piedrecitas, ahora en cuestión de segundos, de unos colores blancos y marfiles.

Paro en seco. Ahora no soy yo el que se mueve, no puedo controlar mis actos y me ataca el pánico, deseando que siga mi andadura en un lugar desconocido y placentero.

Una bocanada de aire ártico hace prisionera a mi gárganta y hace que acelere para encontrar un lugar pérdido en alguna parte de algun sitio. Es entonces cuando todo se convierte en una escalofríante realidad, y lloro de rabia y de ira, mi garganta se ha roto en mil pedazos y no me queda otra cosa que hacer que gritar e intentar abrir los ojos suavemente, visualizando lo desconocido, esperando una nueva sensación que deseo sea agradable.

Dejo de llorar y noto un calor cercano y placentero que me hace escuchar un ruidito superior al escuchado minutos atrás. Mi cuerpo está en otro cuerpo, mi calma es absolutamente infinita, y ahora disfruto en silencio de una nueva sensación que espero que no acabe nunca. No sé que camino me deparará ahora, pero me atreveré a llamerle "Vida".